El porvenir o un buen ejemplo de resiliencia

El porvenir es una película del 2016, dirigida por Mia Hansen-Love. Natahalie (Isabelle Huppert) es profesora de filosofía en un instituto, está casada desde hace más de 20 años y tiene dos hijos. Parece que su vida ya está hecha a todos los niveles. Pero entonces empiezan los cambios. Sus pilares fundamentales, construidos desde hace años empiezan a desmoronarse y además sin que ella pueda hacer nada para evitarlo.

Es cierto que en ningún momento la película cae en el dramatismo excesivo pero cuando la estaba viendo hace unos días, pensaba “pero bueno, ¿cómo es posible que esta mujer siga adelante como si nada con todo lo que le está pasando?” y también pensaba tomar nota de todo para ser como ella 😀 Para tener esa capacidad de seguir adelante, de simplemente aceptar los cambios y seguir con tu vida.

resiliencia

La resiliencia

Después de darle unas cuantas vueltas llegué a varias conclusiones.

Por un lado, lo que está poniendo en práctica Nathalie es la tan famosa resiliencia (no me gusta nada la palabra, podrían haber escogido otra más bonita). Y exactamente, ¿en qué consiste?

La resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite, sobreponerse a ellas y además salir fortalecido.

Casi nada. Primero, implica aceptar lo que nos depara la vida, que no siempre es agradable. Hay muchas cosas que no está en nuestras manos controlar, y aceptarlas es la mejor (y única) opción.  Y además, supone que después de aceptarlo vamos a ver las oportunidades y posibilidades que nos ofrece la nueva situación, para aprender de la experiencia y salir fortalecidos de ella.

Parece bastante complicado, pero viendo la película me da la sensación de que la resiliencia es una capacidad humana, es decir que todos la tenemos. De hecho no es más que el instinto de supervivencia. Y la experiencia con los pacientes y las personas que acuden a los talleres que imparto, me dice que todos tenemos esa capacidad. Es muy frecuente escuchar comentarios del tipo: “pensaba que no iba a poder superar esto, pero lo he hecho”. Creo que habitualmente confiamos muy poco en nuestra fortaleza, pero cuando la tenemos que poner en práctica nos sale casi solo. Y esto es una buena noticia, porque como ya sabemos, en la vida las cosas no siempre salen como nos gustaría o como teníamos planeado.

Siempre hay opciones

La verdad que da gusto ver como Nathalie va afrontando cada imprevisto y cada zancadilla que le va poniendo la vida. Como sigue adelante, buscando las opciones y sacando partido a la nueva situación que se le plantea. Gracias a eso descubre nuevas vidas y nuevos sitios que de otra manera nunca habría encontrado.

Por supuesto, no es nada fácil ser resiliente. Pero merece la pena. Porque la otra opción es quedarnos en la negación, en la autocompasión y en el “¿por qué todo lo malo me pasa a mi?” Pero me temo que por mucho que nos recreemos en esto, la situación no va a variar y tampoco nos va a ayudar a adaptarnos al cambio.

Y entonces, ¿qué podemos hacer para ser resilientes?

Como todas las capacidades, ésta también hay que entrenarla (sí, hay que trabajar un poquito aunque nos cueste 🙂 ). Pero también es verdad que una vez que empezamos a interiorizarla es más fácil que lleguemos a automatizarla y termine saliendo sola. Aquí te dejo algunos puntos para trabajar:

  1. Confía en tus capacidades. Esto también requiere un ejercicio de autoconocimiento. Como decía antes, la mayoría de las personas tienen más capacidades de las que reconocen. Parar un ratito y mirarse a uno mismo es imprescindible para valorarnos tal como somos.
  2. Busca lo que puedes aprender de cada situación. Cuando nos enfrentamos a momentos desagradables o tristes siempre podemos preguntarnos qué podemos aprender de ello. Que el malestar por el que estamos pasando nos sirva como experiencia.
  3. Deja de lado el negativismo. Casi siempre la mejor opción es ser realista y objetivo (la vida no es color de rosa). Pero la mayoría de las veces tendemos al dramatismo, al negativismo, a no encontrar nada positivo en la situación. Reflexiona sobre esto y observa de qué manera te sueles enfrentar al día a día.
  4. Rodeate de personas optimistas. Lo siento por los pesimistas por naturaleza. Pero estar al lado de una persona que continuamente se queja por todo y sólo ve el lado malo de las cosas…cansa. Y lo peor del caso es que muchas veces acaban contagiándonos casi sin darnos cuenta. A veces la vida es muy complicada de por sí, no necesitamos que nos lo estén recordando todo el rato.
  5. Asume que no puedes controlar todo en la vida. Muchas veces queremos tener todo bajo control y cuando algo se nos escapa es fuente de estrés y malestar. Asumir que la vida es incertidumbre y que no todo está en nuestras manos es necesario y liberador.

Como siempre espero vuestras opiniones y si queréis ver una lección de resiliencia no dejéis de ver El porvenir 🙂

Hasta la semana que viene!

Carpe diem ★

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