El Círculo. ¿Se nos ha olvidado socializar?

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Hace unos días tuve la suerte de asistir al pase de prensa de la película El Círculo. En España se estrena este viernes día 5 de Mayo y es altamente recomendable.

La vida de Mae Holland (Emma Watson) cambia cuando empieza a trabajar en la prestigiosa empresa El Círculo. La compañía ha desarrollado un sistema innovador en el que cada usuario tiene unificadas todas sus cuentas en Internet. Podría ser una mezcla entre Facebook, Twitter, Youtube, Instagram… todo en un mismo sitio y con una única cuenta. Mae intenta esforzarse por ser una buena trabajadora. Por eso, cuando uno de los fundadores de la empresa, Eamon Baily (Tom Hanks) le propone participar en un experimento ella acepta sin reservas. Aunque ese experimento consista en ser completamente “transparente”. Es decir, que durante las 24 horas del día una cámara va con ella, para que sus seguidores puedan ver en tiempo real la vida de Mae.

En un futuro demasiado cercano

Aunque la película está narrada en un futuro, en realidad está mucho más cerca de lo que podría parecer en un principio. Trata sobre muchos temas, muy actuales. Por ejemplo, dónde está el límite entre lo público y lo privado. Qué estamos dispuestos a sacrificar por tener un perfil público en las redes sociales. Hasta qué punto podemos decidir esto. Lo fácil que es manipular a la gente apelando al miedo. O si nos supiéramos observados continuamente seríamos mejores personas.

Pero una de las cosas que más me llamó la atención fue una conversación entre Mae y su amigo de toda la vida Mercer. Ella le acusa de no saber socializar porque no tiene redes sociales ni está todo el día pegado al móvil. Y él le pregunta si socializar no es eso: tener una conversación cara, a cara, tranquilamente, en una cocina.

Interesante esta reflexión. Ahora que es posible que una pareja salga a cenar y pasen más tiempo colgando las fotos del postre que hablando y saboreándolo. Ahora que hay que compartir todas las fotos de lo que hagas, porque sino parece que no lo estás haciendo.

Y precisamente ahora es cuando echo de menos socializar a la vieja usanza. Cuando en la facultad hacíamos fotosíntesis (básicamente tirarse en el césped al Sol y hablar). O cuando comíamos pipas en el banco debajo de casa. O cuando te ibas al parque en verano con la gente de siempre y podías pasarte horas hablando de todo y de nada.

Es verdad que los tiempos cambian, siempre lo han hecho. Y con cada cambio nos hemos ido adaptando. No hay duda de que nuestra manera de interactuar se ha modificado mucho en poco tiempo. Y por supuesto tiene sus cosas buenas. De hecho, en general creo que el cambio ha sido bueno. Las nuevas tecnologías nos ayudan y facilitan la vida en muchos sentidos. Pero el problema no es la tecnología en sí, sino el uso que se haga de ella. Aquí es donde si nos descuidamos podemos pasar el límite y perder las relaciones de verdad por convertirlas en relaciones virtuales.

Pero en realidad, cuando necesitas la ayuda de un amigo (porque se te estropea el coche, o porque necesitas desahogarte, o te vendría bien un abrazo) no vamos a obtenerlo virtualmente. Lo necesitamos cara a cara, o como mucho por teléfono si estamos lejos. Que las redes sociales no nos hagan olvidarnos de todas las cosas bonitas que tiene socializar como lo hemos hecho toda la vida 🙂

Hasta la semana que viene.

Carpe diem ★

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