Dolor y gloria. O por qué curar las heridas.

Dolor y gloria.

Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine, y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando. «Dolor y Gloria» habla de la creación, de la dificultad de separarla de la propia vida y de las pasiones que le dan sentido y esperanza. En la recuperación de su pasado, Salvador encuentra la necesidad urgente de volver a escribir. (FILMAFFINITY)

Aunque Almodovar no es de mis directores favoritos, ni tampoco Antonio Banderas de mis actores, tenía mucha curiosidad por ver esta película. Y me sorprendió gratamente la verdad. Por ser tan compleja y sencilla a la vez. Y sobre todo por ser tan humana.

Curar las heridas para superar los bloqueos.

La película empieza presentándonos a Salvador Mallo, un director de cine que se encuentra en un momento de su vida especialmente complicado. No tiene buena saluz física ni mental. Esto le ha llevado a un bloqueo en el que no puede seguir creando, cuando eso precisamente es su única tabla de salvación. Escribir es lo que le da la vida. Y justo lo que ahora no puede hacer porque su salud no se lo permite. Pero, ¿hasta que punto esto es así?

Cuando nos metemos en este bucle es cuando aparecen los fantasmas de los que hablábamos hace unas semanas (http://www.disfrutandodelmomento.com/2019/09/18/como-vencer-a-los-fantasmas-que-impiden-avanzar/). «No voy a poder hacerlo», «mi salud no me lo permite», «esto requiere un esfuerzo que ahora no puedo hacer», «es una pérdida de tiempo».

Así que en lugar de aceptar que esos miedos van a convivir con nosotros, aceptarlo y seguir adelante, tendemos a desanimarnos, desmotivarnos y hacer justo lo contrario de lo que nos podría acercar a nuestro objetivo. Esto lo hacemos o bien para evadirnos o para no afrontar esa realidad que tanto nos duele. Pero aunque a corto plazo esto pueda provocar cierta satisfación a largo plazo nos encontramos con que seguimos sin resolver el problema de base y además hemos podido añadir algún otro problema por el camino.

Por ejemplo: «como no me encuentro bien ni física ni mentalmente me siento frustrado porque no puedo escribir y crear que es una de mis razones para vivir. Así que neccesito evadirme de lo injusta que es la vida en este momento. Y para poder hacerlo empiezo a drogarme. Así no tengo que pensar, ni sentirme mal por lo poder seguir con mi vida».

El problema con esto es que obtando por el camino de la evasión no he resuelto mi problema principal y encima he añadido otro. Por no mencionar el sentimiento de culpabilidad que aparece al ser consciente de todo esto.

Resolver el pasado para que haya futuro.

Para mi, uno de los mensajes principales de la película es este (ojo también a la relación entre las dolencias emocionales y las físicas). Es necesario sanar el pasado para poder seguir adelante. Cuando tenemos heridas abiertas del pasado o historias sin resolver es muy complicado seguir avanzando. Es como si edificáramos las nuevas historias sobre arenas movedizas y no van a dejar de tambalearse.

Pero, ¿cómo podemos cerrar las heridas del pasado? Pues el primer paso es enfrentarnos a ese pasado. Parece algo muy obvio, pero la mayoría de las veces que no hemos resuelto una historia ha sido precisamente por no afrontar la realidad. Porque esa realidad suele doler. Y como el ser humano huye constantemente del dolor o salimos corriendo o miramos hacia otro lado. Pero el hecho de no querer prestar atención a esa herida, no quiere decir que se vaya a cerrar sola. La mala noticia es que no hay forma de curarse sin pasar por ese dolor. Es necesario para poder integrar esa experiencia como parte de nuestra vida, para poder considerarla una oportunidad para aprender y seguir nuestro camino.

Y respecto a la evasión, que siempre se nos presenta como el camino fácil (pero a la vez tremendamente perjudicial), podemos aplicar lo que hablamos en el último post (http://www.disfrutandodelmomento.com/2019/09/25/deja-de-procrastinar-para-pasar-a-la-accion/). Sobre todo plantearnos si el paso que estoy dando hoy me acerca a donde quiere estar mañana. Si la respuesta es no… toca recalcular ruta… Nunca es tarde para volver a empezar 🙂

Hasta la semana que viene!

Pili ★

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